A pesar de que cada vez existe más información sobre el Trastorno del Espectro Autista (TEA), todavía existen muchos estereotipos sobre las personas autistas, que van desde la forma en que se realiza el diagnóstico hasta las características que una persona puede o no presentar.

Por eso, es tan importante mantenernos informados, crear conciencia y contribuir a sensibilizar a las personas que nos rodean.

Y para ayudarte a comprender mejor el tema, hablamos con la psicóloga Fabíola de Lima, quien respondió algunas preguntas esenciales sobre el tema.

Por qué hablamos de “espectro” cuando nos referimos al autismo?

Hablamos de espectro porque no existe una única forma de vivir el autismo. Cada persona es única. Dentro del espectro, las características son diversas y permanentes: la forma en que el cerebro procesa el mundo es, en sí misma, diferente.

Es fundamental diferenciar esta diversidad de los niveles de apoyo (1, 2 y 3). Estos niveles no miden la “intensidad” del autismo ni el potencial de la persona, ni significan que un individuo sea “más autista” que otro. Simplemente indican la cantidad de apoyo externo que una persona necesita para gestionar sus demandas cotidianas en un determinado momento de su vida.

Comprender el autismo como un espectro significa considerar la singularidad de la experiencia de cada persona y entender que el apoyo es una herramienta de equidad y no una definición de identidad.

Cómo puede la familia apoyar a una persona autista?

El apoyo comienza cuando dejamos de mirar únicamente el comportamiento y empezamos a considerar la experiencia que vive la persona. Una persona autista no reacciona al mundo de la misma manera que la mayoría de las personas. Puede percibirlo de una forma más intensa, directa y fragmentada. Sonidos, olores, texturas, ambigüedades sociales: todo puede adquirir una dimensión amplificada.

Lo que puede parecer desinterés u oposición puede ser, en realidad:

  • sobrecarga;
  • confusión;
  • exceso de estímulos;
  • o dificultad para organizar internamente aquello que está experimentando.

La familia apoya cuando está dispuesta a comprender antes de interpretar. Cuando reconoce que esa forma de existir no es un error, sino una diferencia estructural en la manera de percibir y relacionarse con el mundo.

Buscar información cualificada y orientación de profesionales especializados en autismo también es un paso importante. Un acompañamiento adecuado amplía la comprensión, evita interpretaciones reduccionistas y ofrece recursos concretos para afrontar los desafíos cotidianos de una manera más ética y coherente.

Cuál es el papel de las terapias en el acompañamiento de una persona autista?

Las terapias no tienen como objetivo corregir una forma de ser. Su función es acompañar a la persona en la comprensión de su propia manera de existir.

En la experiencia autista, el cuerpo muchas veces se percibe de manera intensa y, al mismo tiempo, resulta difícil poner esa experiencia en palabras. Algunas personas aprenden a ignorar su cuerpo para poder sobrellevarlo; otras viven en un intento constante de adaptarse al entorno.

El trabajo terapéutico crea un espacio en el que esta experiencia puede ser acogida y traducida. No para eliminarla, sino para darle forma y significado. Al poner nombre a las sensaciones, comprender los límites y reconocer las necesidades reales, la persona comienza a organizarse de una manera menos reactiva y más consciente.

Las terapias, cuando se llevan a cabo con ética y presencia, favorecen este proceso: menos intentos de corrección y mayor apropiación de la propia experiencia.

 

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